Y si una planta pudiera pedir ayuda cuando la atacan? Suena a ciencia ficción, pero es más o menos lo que acaba de mostrar un estudio de Embrapa. Un hongo bien conocido en el mundo del control biológico, Beauveria bassiana, logró que las plantas de maíz cambiaran su "olor" y, con eso, atrajeran a un aliado natural que se encarga de las chinches. Vale la pena detenerse en esto, porque abre una puerta interesante para el manejo integrado de plagas.
Los protagonistas de la historia
Antes de entrar en los resultados, conviene ubicar a los protagonistas de esta historia. La plaga es Diceraeus melacanthus, la famosa chinche barriga verde, un dolor de cabeza en el maíz. El hongo es Beauveria bassiana, un entomopatógeno que muchos ya emplean como bioinsecticida. Y el aliado es Telenomus podisi, un parasitoide que pone sus huevos dentro de los huevos de la chinche y no la deja reproducirse. La gran pregunta del estudio fue, precisamente, qué ocurre cuando estos tres se cruzan en la misma planta, y la respuesta resultó más sutil —y más prometedora— de lo esperado.
Una planta que cambia de "olor"
Lo curioso fue lo que pasó: el maíz colonizado por el hongo comenzó a emitir un perfil de compuestos volátiles distinto, y ese cambio de "olor" fue lo que terminó atrayendo al parasitoide. Dicho de otro modo, el hongo no ataca directamente a la chinche, pero convierte a la planta en una mejor emisora de señales de auxilio.
El tiempo importa: 48 vs. 120 horas
Ahora bien, el detalle más importante del estudio es que el efecto no es inmediato: hay que esperarlo. Los investigadores midieron los volátiles durante cinco días, cada veinticuatro horas, y observaron cómo respondía el parasitoide en un olfatómetro. A las 48 horas, las hembras de Telenomus podisi ni se inmutaban ante las plantas tratadas solo con el hongo y preferían el olor de las plantas ya atacadas por la chinche. Pero a las 120 horas cambió todo: las plantas con aplicación foliar de Beauveria bassiana pasaron a ser claramente atractivas para el parasitoide, incluso más que el aire limpio o las plantas sin tratar. ¿Qué había cambiado en ese lapso? A las 120 horas, esas plantas emitían más salicilato de metilo —un clásico "grito de auxilio" vegetal— y menos farnesenos, y ese nuevo perfil químico fue el que puso al parasitoide en modo búsqueda.
Qué significa para tu manejo
Este trabajo sugiere que el hongo entomopatógeno y el parasitoide pueden jugar en el mismo equipo e incluso reforzarse. Si quieres saber más sobre cómo mejorar la eficiencia en el manejo de chinches, ponte en contacto con nosotros.
El estudio fue desarrollado por Maria Carolina Blassioli Moraes, Rogério Biaggioni Lopes, Raul Alberto Laumann, Miguel Borges, Clenilson Martins Rodrigues, Mírian Fernandes Furtado Michereff e Isadora Alexopoulos Quevedo (Embrapa). DOI: 10.1007/s10340-026-02057-7.